Capítulo 2 - Intruso a la vista
Con el corazón encogido,
Mickey decide tomar el camino que lo llevaría a Adventureland, en vez
de la casa de su Minnie que estaba allí en el vecindario de
Tomorrowland. Pensó que su misión podría ser algo peligrosa así que no
quería ponerla en peligro.
-Pluto- se voltea hacia su perro- Tú ve a casa de Minnie, y dile que tengo una misión importante que cumplir ¿Me haces ese favor amigo?-
Pluto dio un salto y meneó su cola.
-Yo sé que tú puedes hacerla entender. Ve-
Con un ademán despide a su perro que correteó hasta perderse calle abajo.
Entonces, se dispuso a continuar su camino, y, dando brincos alegre, Mickey sale de la calle de coloridas casitas y se dirige hacia Adventureland silbando su tonada.
Salió de Tomorrowland así y continuó brincando para pasar por enfrente del castillo (En esa situación no quería meterse por la tierra de piratas porque allí vivía Pedro, y no era momento para que a ese fastidioso se le ocurriera empezar a molestarlo)
Y no pensó que cruzar por el castillo sería inconveniente, pero en ésa, una mañana poco usual definitivamente, se llevaría otra sorpresa.
-Rayos ¿Y ahora qué sucede por aquí?- exclama el ratón deteniendo su paseo.
Había una multitud allí metida, congestionando todo el puente.
Donald, muy malhumorado, venía saliendo y Mickey lo saluda:
-Hola Donald, ¿sucede algo en el castillo? No me digas que es Maléfica otra vez molestando a los príncipes-
Donald, con su acostumbrada voz de pato le dice:
- No, ojalá fuera eso, Mickey. Pero resulta que un montón de conejos decidieron invadir el castillo hoy-
-¿Conejos? Este día está bien loco-
-Para mí siempre ha estado loco, pero bueno ¡Yo me voy!!- protestaba el pato.
-Espera, déjame ir a ver- Mickey continua su camino y se mete entre la multitud, abriéndose paso a empujones hasta que al fin dio con la princesa Aurora, que estaba allí afuera de su castillo.
Y en pijamas.
Mickey casi se echa a reír pero lo disimula.
-¡Hola princesa! ¿Qué es lo que sucede hoy por aquí?- soltó con entusiasmo y curiosidad.
-Resulta que este señor ha llegado diciendo que este castillo es de él- protestaba la princesa que no lucía tan princesa con esas fachas.
-¿Qué señor?- preguntaba el ratón recién llegado.
Por allá andaba el príncipe Felipe sacando a un montón de conejitos azules del lugar. Eran demasiados conejitos.
-Ese señor de allá- decía el príncipe señalando a una caricatura alarmantemente parecida a él, que se mantenía apostada en el medio del portón.
-Ohhh tú debes ser Mickey- lo vio enseguida la extraña caricatura que tenía unas largas orejas negras.
-Quítate de allí intruso- protestó Donald que venía detrás de Mickey -Estás causando un gran alboroto aquí-
-Mucho me temo que el alboroto no es solo aquí, amigo- comenta Mickey a propósito, pero luego consideró un error mencionar el asunto de los duendes de Maléfica invadiendo Adventureland.
-¿Qué?- le pregunta Donald.
-No, nada, nada- Mickey se enfoca en el asunto -Tú, eh, amigo- llama al extraño de las orejotas.
-¡Soy Oswald, el conejo afortunado!- lo corregía Oswald y molesto porque no lo conociera.
-¿Y a caso te conocemos, Oswald?- la princesa Aurora intervenía, muy indiferente.
-No, pero deberían. Yo soy el primero así que debería vivir en el castillo-
-¡Si a eso vamos, Mickey es quien debería vivir en el castillo!- Donald intervenía colorado como un tomate.
- No, yo soy el primer Disney, no Mickey- el conejo afortunado se montaba sobre el muro para que todo el mundo lo viera- Oswald, el conejo afortunado. Y esos conejitos son mis hijos, y ella es Ortensia...-
-Un momento, un momento. Tú- el príncipe salía en defensa de Mickey - ¿Tú, un Disney? No me hagas reír, enano-
Aquello ofendió a los siete enanos de Blanca Nieves que andaban por allí en la multitud.
Oswald se sintió muy intimidado y bajó sus orejas.
-Lo soy, porque me crearon en los estudios Disney, porque él me dió vida-
-¡Mentira, tú no eres un Disney!!- intervino la madrastra malvada.
-No te conocemos, tú no eres un Disney- la apoyó Peter Pan.
-Mentirosos todos- arremetía Horacio el caballo.
Pero en medio de todo eso Mickey se había quedado atónito.
Sin saber cómo iba a probarlo, Oswald se bajó del muro triste y les dio la espalda para marcharse con Ortensia y sus conejitos porque todos le gritaban.
-¡Tú no eres un Disney!!- coreaba la multitud.
-Es más, creo recordar que ustedes son de Universal- decía Clarabella.
-¡Sí!! ¡Largo!!- bramó Donald.
-¡Vete intruso!- decía otro.
-Largo- continuaban los demás.
-¡Los de la Universal están invadiendo el reino!!!!!!!- chillaba completamente histérico el Sombrerero Loco y causó el pánico.
Pero Mickey seguía allí parado perplejo, pensando y pensando, y luego le dice a Donald:
-Un momento, Donald, escucha. Si Oswald está aquí es porque Walt lo trajo-
Donald se quedó pensativo pues Mickey tenía razón.
-¿Por qué habría de hacerlo Walt si no es un Disney?-
Sin embargo ya todos habían logrado que el conejo se marchara llorando.
-Vaya día- suspiró Mickey.
-Pluto- se voltea hacia su perro- Tú ve a casa de Minnie, y dile que tengo una misión importante que cumplir ¿Me haces ese favor amigo?-
Pluto dio un salto y meneó su cola.
-Yo sé que tú puedes hacerla entender. Ve-
Con un ademán despide a su perro que correteó hasta perderse calle abajo.
Entonces, se dispuso a continuar su camino, y, dando brincos alegre, Mickey sale de la calle de coloridas casitas y se dirige hacia Adventureland silbando su tonada.
Salió de Tomorrowland así y continuó brincando para pasar por enfrente del castillo (En esa situación no quería meterse por la tierra de piratas porque allí vivía Pedro, y no era momento para que a ese fastidioso se le ocurriera empezar a molestarlo)
Y no pensó que cruzar por el castillo sería inconveniente, pero en ésa, una mañana poco usual definitivamente, se llevaría otra sorpresa.
-Rayos ¿Y ahora qué sucede por aquí?- exclama el ratón deteniendo su paseo.
Había una multitud allí metida, congestionando todo el puente.
Donald, muy malhumorado, venía saliendo y Mickey lo saluda:
-Hola Donald, ¿sucede algo en el castillo? No me digas que es Maléfica otra vez molestando a los príncipes-
Donald, con su acostumbrada voz de pato le dice:
- No, ojalá fuera eso, Mickey. Pero resulta que un montón de conejos decidieron invadir el castillo hoy-
-¿Conejos? Este día está bien loco-
-Para mí siempre ha estado loco, pero bueno ¡Yo me voy!!- protestaba el pato.
-Espera, déjame ir a ver- Mickey continua su camino y se mete entre la multitud, abriéndose paso a empujones hasta que al fin dio con la princesa Aurora, que estaba allí afuera de su castillo.
Y en pijamas.
Mickey casi se echa a reír pero lo disimula.
-¡Hola princesa! ¿Qué es lo que sucede hoy por aquí?- soltó con entusiasmo y curiosidad.
-Resulta que este señor ha llegado diciendo que este castillo es de él- protestaba la princesa que no lucía tan princesa con esas fachas.
-¿Qué señor?- preguntaba el ratón recién llegado.
Por allá andaba el príncipe Felipe sacando a un montón de conejitos azules del lugar. Eran demasiados conejitos.
-Ese señor de allá- decía el príncipe señalando a una caricatura alarmantemente parecida a él, que se mantenía apostada en el medio del portón.
-Ohhh tú debes ser Mickey- lo vio enseguida la extraña caricatura que tenía unas largas orejas negras.
-Quítate de allí intruso- protestó Donald que venía detrás de Mickey -Estás causando un gran alboroto aquí-
-Mucho me temo que el alboroto no es solo aquí, amigo- comenta Mickey a propósito, pero luego consideró un error mencionar el asunto de los duendes de Maléfica invadiendo Adventureland.
-¿Qué?- le pregunta Donald.
-No, nada, nada- Mickey se enfoca en el asunto -Tú, eh, amigo- llama al extraño de las orejotas.
-¡Soy Oswald, el conejo afortunado!- lo corregía Oswald y molesto porque no lo conociera.
-¿Y a caso te conocemos, Oswald?- la princesa Aurora intervenía, muy indiferente.
-No, pero deberían. Yo soy el primero así que debería vivir en el castillo-
-¡Si a eso vamos, Mickey es quien debería vivir en el castillo!- Donald intervenía colorado como un tomate.
- No, yo soy el primer Disney, no Mickey- el conejo afortunado se montaba sobre el muro para que todo el mundo lo viera- Oswald, el conejo afortunado. Y esos conejitos son mis hijos, y ella es Ortensia...-
-Un momento, un momento. Tú- el príncipe salía en defensa de Mickey - ¿Tú, un Disney? No me hagas reír, enano-
Aquello ofendió a los siete enanos de Blanca Nieves que andaban por allí en la multitud.
Oswald se sintió muy intimidado y bajó sus orejas.
-Lo soy, porque me crearon en los estudios Disney, porque él me dió vida-
-¡Mentira, tú no eres un Disney!!- intervino la madrastra malvada.
-No te conocemos, tú no eres un Disney- la apoyó Peter Pan.
-Mentirosos todos- arremetía Horacio el caballo.
Pero en medio de todo eso Mickey se había quedado atónito.
Sin saber cómo iba a probarlo, Oswald se bajó del muro triste y les dio la espalda para marcharse con Ortensia y sus conejitos porque todos le gritaban.
-¡Tú no eres un Disney!!- coreaba la multitud.
-Es más, creo recordar que ustedes son de Universal- decía Clarabella.
-¡Sí!! ¡Largo!!- bramó Donald.
-¡Vete intruso!- decía otro.
-Largo- continuaban los demás.
-¡Los de la Universal están invadiendo el reino!!!!!!!- chillaba completamente histérico el Sombrerero Loco y causó el pánico.
Pero Mickey seguía allí parado perplejo, pensando y pensando, y luego le dice a Donald:
-Un momento, Donald, escucha. Si Oswald está aquí es porque Walt lo trajo-
Donald se quedó pensativo pues Mickey tenía razón.
-¿Por qué habría de hacerlo Walt si no es un Disney?-
Sin embargo ya todos habían logrado que el conejo se marchara llorando.
-Vaya día- suspiró Mickey.
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Ahora Mickey no sabía
cuál era su misión, si buscar a los duendes de Maléfica, buscar a
Oswald, tranquilizar allí a la multitud o ver qué más ocurría en el
reino esa mañana.
Pero ahora tenía una inmensa inquietud, y no despegaba la mirada del camino por donde habían desaparecido los extraños invasores.
Pero ahora tenía una inmensa inquietud, y no despegaba la mirada del camino por donde habían desaparecido los extraños invasores.
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