Capítulo 16- Mundo blanco y negro

Y volvía a un mundo blanco y negro.
Oswald escuchaba la música de las pianolas, y todo el reino desaparecía para abrir paso a una ciudad de principios de siglo. Pero en aquella visión el mundo era gris, triste y nebuloso.
-¿A dónde me trajiste, Walt?- preguntó el conejo, convencido de que ya no estaban en Disneylandia.
-Digamos que es el pasado- le dijo el hombre -Algo así como mis recuerdos-
Podía ver a aquel grupo de jóvenes que se divertían dibujando en el modesto estudio de la calle Hyperion. Jóvenes sonrientes y muy entusiastas en lo que se refería a aquella sensacional técnica de animar dibujos para crear otros mundos visuales.
 Jóvenes sonrientes y muy entusiastas en lo que se refería a aquella sensacional técnica de animar dibujos para crear otros mundos visuales
Walter volvía a ser el muchacho flaco y frágil que se dedicaba a enseñar a esos otros jóvenes, con ideas innovadoras y mucho corazón
Walter volvía a ser el muchacho flaco y frágil que se dedicaba a enseñar a esos otros jóvenes, con ideas innovadoras y mucho corazón.
Era el motor de aquel estudio llamado Hermanos Disney.
Y aquel era el lugar donde nació él, y su corazón de tinta se conmovió, de dolor. Porque fue el hogar del cual lo secuestraron.
"¿Por qué me muestras esto, Walt? Eres cruel"
Y entonces, el conejo afortunado volteó para ver otra vez a quien lo llevaba de la mano. Y se sorprendió de lo mucho que cambiaba la forma de verlo entonces.
En realidad era un muchacho pobre que intentaba vivir de sus caricaturas, con una esposa que mantener, un equipo de animadores a quienes pagarles, un local para pagar el alquiler, un techo para pagar el alquiler, más algo que las caricaturas no necesitaban: comida y medicinas para no enfermar y morir.
Porque las caricaturas eran inmortales y los humanos muy frágiles y mortales.
Y entonces vio enfermedad y muerte. La realidad de los humanos. Lo que los acechaba siempre y contra eso debían luchar.
Y Oswald se preguntó si los hombres que le habían dado la vida también se encontraban en esa horrible lucha.
Y sintió pena por Walt.
-Ustedes viven mejor que nosotros. Yo te hice para que hicieras feliz a los niños y vivieras para siempre-
Estaba triste, su sombra era oscura y Oswald no tuvo corazón para odiarlo:
-Pero fui olvidado. Y tú estás tan triste como yo- advirtió y el hombre asintió.
Aquel joven delgado pero muy sonriente que veían, en realidad necesitaba de él para poder sobrevivir; y no solo él, Oswald ahora veía a otro muchacho de la misma edad, triste y callado, que trabajaba animando solo para poder sobrevivir.
Era Ub Iwerks, y su mayor sorpresa fue cuando Walt le dijo que Ub también había sido abandonado por su padre     
Era Ub Iwerks, y su mayor sorpresa fue cuando Walt le dijo que Ub también había sido abandonado por su padre.
-Era muy talentoso- le contaba Disney - Pero no sabía cómo aprovechar ese talento y en eso lo ayudé yo. Juntos podíamos hacerlo. Yo podría realizar mi sueño y él así tendría dinero para mantener a su madre-
Oswald no sabía eso.
-Yo los ayudé a todos, les enseñé. Conmigo arrancaron y luego...- Walt no continuó.
Algo ocurrió que Disney no le dijo. El conejo afortunado entonces comprendió por qué él estaba en segundo plano para Ub. Y no se sintió tan mal por ser una herramienta para que otros sobrevivieran.
Había sido egoísta.
Veía al Walter actual, que lo llevaba de la mano, y en vez de ver a un millonario arrogante de mediana edad, veía un joven pobre que había logrado tener éxito y vivir hasta hacerse viejo.
Hacerse viejo eran un gran logro para muchos seres humanos. Y, en el caso de Walt, observó Oswald, eso pudo ser gracias a cierto ratón.

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