Capítulo 22 - Entre humo y fuego

Entonces, y acompañado por un fuerte temblor, vieron que del castillo salían llamaradas de rojo ardiente, como si exhalara de sus muros aquella emanación.
-Oh por todo los cielos ¿Qué pasará?- Minnie se tapaba la boca, testigos todos ellos, de algo en lo que no podían intervenir.
Y más atrás, lejos, en una colina, solo, estaba el hombre, y con sus manos metidas en los bolsillos no despegaba sus ojos del lejano castillo.
Y al ver aquello solo decía "Espero aprendan"
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-No somos tus enemigos, no somos enemigos- el pequeño ratón envuelto en llamas, seguía firme y sin miedo, desafiando las amenazas de la hechicera -Es lo que el rey de Disneylandia dijo. Escucha Maléfica, en serio debes volver a tu lugar que no es aquí donde pretendes estar-
-Ratón, siempre fuiste demasiado atrevido- se oía retumbar la voz de Maléfica, pero el fuego no dejaba ver a la hechicera.
-¡Recuerda, Maléfica! Yo solo vengo a decirte, ¡Que él te creó y también puede destruirte!!-
Y las palabras de Mickey no se debilitaban ante nada, y aquel valor hizo titubear a la hechicera.
La pared de llamas que separaba al ratón de Oswald, los príncipes y de todos los demás era aterradora. Y solo Mickey estaba atrapado allí.
Oswald se había quedado fuera, como una insignificante mancha negra en medio del fuego, mientras Mickey enfrentaba solo a la hechicera.
Pensaba en qué podía hacer él ahora.
Los príncipes y princesas se habían levantado todos de sus sitios pero las criaturas de la sombras los rodearon.
Y nada podrían hacer.
Solamente a Oswald lo tenían allí olvidado como si no existiera.
-¡Eso es cierto!!- intervino entonces el olvidado conejo -Solo mírame a mí, hechicera. Soy el hermano mayor de Mickey y no lo sabían. Pregúntate por qué ¿Sabes lo que hizo Walt Disney conmigo? Pues te lo voy a contar. Yo fui su primera estrella y me abandonó, todos lo saben. Mickey lo sabe- mentía el conejo. Volvía a su pasado rencor, el que Walt había sanado hacía poco, pero esta vez lo usaba con un propósito.
-¿Es eso cierto??- soltaba con arrogancia la mujer. Pero nadie sabía responder.
-Lo es- confirmaba Mickey.
-Y además él está aquí- lo apoyaba Oswald -Por eso es que yo estoy aquí, él me trajo. Está aquí-
-Así que ya lo ves. No te atrevas a desafiarlo porque hará contigo lo que quiera. Y ante él no tienes poder-
-¿No ves que venimos a ayudarte? ¡Oh grandiosa y magnífica hechicera!- la humildad del conejo afortunado conmovían a Maléfica -Por favor, recapacita y evitemos algo peor. Yo conozco muy bien la crueldad del rey de Disneylandia, yo soy la prueba de eso-
Entonces y ante aquellas amenazas, al fin el fuego empezaba a aminorar, y el dragón alzado sobre todos ellos, volvía a arrinconarse detrás de los pilares.
Y allí estaba la hechicera mirando a Mickey a Oswald y los príncipes, con toda la tranquilidad del mundo:
-Me van a ocasionar una migraña ¿Saben? y eso no se los voy a perdonar-
Y entonces dio la vuelta con estilo y se retira del salón.
Acto seguido, todas las criaturas y los duendes salían del castillo como un negro alud, como una infección que drenaba por un corte.
Eso vieron los que expectantes esperaban afuera del castillo noticias de Mickey y Oswald. Y los vieron salir justo en medio de los seres oscuros, caminando juntos como dos soldados que regresaban victoriosos de una batalla.
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-¿Como lo lograron?- todos los amigos los recibían con la boca abierta.
Oswald quería contarles a todos el gran valor de Mickey, pero Mickey se adelantó y dijo:
-Creo que cierto conejo afortunado supo actuar muy bien, y además... sedujo a la hechicera-
-¿Quueeee?- todos exclamaron ante aquel chisme.
-Bueno no exageres. Seducir, oh por Dios, Mickey- Oswald se había puesto colorado.
-¡Vamos Ozzy! Sí, fue todo lo que le dijiste, lo que más nos ayudó- reía Mickey -Sedujiste su orgullo-
-Tal vez jejejeje- reconocía el conejo.
-Vaya pillo, eso lo heredaste del malvado rey que sería capaz de destruir a Maléfica en un abrir y cerrar de ojos- se reía Mickey del drama que se habían inventado.
-Ustedes tienen demasiadas cosas qué contar- intervino alguien que llegaba de entre la multitud, que no era ni Donald, o Minnie o los enanos, o Goofy...
¿Entonces quién era?
Ya era de noche otra vez en el reino, cuando un brillo iluminaba a la multitud de personajes que cercaban a Oswald y a Mickey después de haber cumplido con su misión. Ese brillo venía de una hermosa figura blanca y azul que se abría paso hasta llegar donde estaban los hermanos Disney.
La figura había salido del castillo junto con todos los demás y muchos se inclinaron a su paso.
-Su majestad, Cenicienta. Es un honor verla- fue lo que le dijo Mickey.

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